El principio de intercambio de Locard y el microbioma
¿Qué relación tiene el microbioma con uno de los principios fundamentales de la criminalística?
La criminalística es una rama de las ciencias forenses dedicada al estudio e interpretación de los indicios materiales relacionados con un hecho de interés legal. Para ello integra conocimientos, técnicas y herramientas procedentes de diferentes disciplinas científicas, entre ellas la química, la física, la biología, la genética, la medicina, la estadística y diversas técnicas instrumentales de análisis.
Esta integración permite estudiar desde manchas, fibras, materiales y huellas hasta perfiles genéticos, sustancias químicas o patrones de distribución. El objetivo es obtener información científicamente sustentada que contribuya a establecer las características de un indicio, su posible origen y las relaciones que puede guardar con las personas, objetos o lugares involucrados en un hecho.
Dentro de la criminalística se han formulado distintos principios que sirven como marco para comprender estas relaciones. Entre los más conocidos se encuentran los principios de correspondencia, reconstrucción, probabilidad e intercambio.
Este último constituye uno de los fundamentos históricos más reconocidos de la disciplina.
El principio de intercambio de Locard
A principios del siglo XX, el médico y criminalista francés Edmond Locard impulsó el análisis sistemático de los rastros materiales asociados con una investigación. En 1910 estableció en Lyon un laboratorio de policía técnica dedicado al estudio científico de este tipo de evidencias y, en 1919, describió de forma explícita la noción de transferencia que posteriormente sería conocida como principio de intercambio de Locard.
El principio suele resumirse mediante una idea sencilla: cuando dos elementos entran en contacto puede producirse una transferencia de material entre ellos.
Durante décadas, esta transferencia se ha estudiado a partir de rastros como cabellos, fibras, partículas de suelo, fragmentos de vidrio, pintura, residuos o material biológico. Una persona que entra en contacto con un objeto o con un espacio puede depositar material y, al mismo tiempo, incorporar partículas procedentes de ese entorno.
La investigación forense actual ha ampliado considerablemente aquello que somos capaces de detectar después de un contacto. Entre esos rastros se encuentra algo que durante la época de Locard era imposible estudiar: el microbioma.
¿Qué es el microbioma?
El cuerpo humano alberga comunidades complejas de microorganismos que incluyen bacterias, hongos, virus y otros microorganismos. El término microbiota se utiliza habitualmente para referirse a los microorganismos presentes en un ambiente determinado, mientras que microbioma incorpora además su información genética y las relaciones que forman dentro de ese ecosistema.
Estas comunidades no son iguales en todo el cuerpo. La piel, la cavidad oral, el intestino y otras regiones presentan composiciones microbianas diferentes. Incluso dentro de la piel existen variaciones relacionadas con la zona anatómica, las condiciones ambientales y características propias de cada individuo. La investigación reciente ha mostrado que estas diferencias han despertado interés en ciencias forenses por su posible utilidad para relacionar personas, objetos y ambientes. [1,2]
Pero existe una característica especialmente interesante cuando observamos el microbioma desde la criminalística: parte de estas comunidades microbianas puede transferirse cuando entramos en contacto con una superficie.
Es aquí donde una tecnología propia del siglo XXI comienza a encontrarse con un principio criminalístico formulado hace más de cien años.
El "TOUCH microbiome" como evidencia de intercambio
En 2021, Procopio y colaboradores estudiaron lo que denominaron “touch microbiome”, o microbioma de contacto. Los investigadores tomaron muestras de las manos de 11 voluntarios y posteriormente analizaron las superficies de vidrio que habían tocado. Mientras que solo 5 de 22 muestras permitieron obtener perfiles genéticos usando STRs mediante ADN humano, fue posible recuperar perfiles microbianos en 20 de las 22 muestras. [3]

El estudio fue preliminar y con un número reducido de participantes, pero mostró algo relevante desde el punto de vista criminalístico: el contacto entre una persona y una superficie puede producir una transferencia microbiana detectable incluso cuando la cantidad de ADN humano recuperable es limitada.
La pregunta entonces deja de ser únicamente si una persona transfiere microorganismos al tocar un objeto. También necesitamos saber qué microorganismos se transfieren, cuánto tiempo permanecen y qué tan representativa es esa muestra del microbioma original de la persona.
Un estudio publicado en 2024 analizó precisamente la transferencia del microbioma de la mano hacia el mango de un cuchillo. Los investigadores estudiaron cinco participantes y recuperaron muestras cuatro y veinticuatro horas después del contacto. Solo una fracción de las especies bacterianas características de las manos pudo encontrarse posteriormente sobre los cuchillos: aproximadamente 8.28 % a las cuatro horas y 6.95 % a las veinticuatro horas. [4]
Este resultado resulta especialmente importante para interpretar el principio de intercambio de manera contemporánea. La transferencia ocurre de manera parcial y dinámica: una persona no deposita en un objeto todo el material que porta, y parte de lo transferido puede perderse o dejar de ser detectable con el paso del tiempo.
Investigaciones todavía más recientes han profundizado en este fenómeno. En 2025, Wang y colaboradores simularon el contacto breve de una persona con un cuchillo y compararon el microbioma de la piel con las comunidades bacterianas recuperadas del objeto utilizando secuenciación del gen 16S rRNA. Encontraron que únicamente una pequeña proporción de los microorganismos presentes en la piel podía detectarse posteriormente sobre la superficie, aunque algunas bacterias relativamente abundantes, entre ellas especies de Staphylococcus, Streptococcus y Corynebacterium, mostraron mayor capacidad de transferencia. [5]
Por ello, hablar de microbioma forense implica algo más complejo que buscar una supuesta “huella bacteriana”. La transferencia depende del individuo, del microorganismo, del tipo de superficie, de las condiciones ambientales, del tiempo transcurrido y del propio método utilizado para recuperar y analizar la muestra.
Una revisión de la literatura publicada en 2024 llegó precisamente a esta conclusión: el microbioma presenta un potencial considerable como evidencia de traza para estudiar relaciones entre personas, objetos y ambientes, pero su transferencia, persistencia y variabilidad todavía requieren una caracterización mucho más profunda antes de incorporarlo de manera rutinaria a la práctica pericial. [2]
Del intercambio a la reconstrucción de una interacción
La investigación más reciente comienza a plantear una pregunta todavía más ambiciosa: si podemos estudiar la transferencia microbiana entre una persona y su entorno, ¿podemos utilizar esa información para reconstruir cómo ocurrió una interacción?
En 2026, Li y colaboradores presentaron un estudio exploratorio en el que combinaron técnicas avanzadas de secuenciación microbiana con un modelo matemático capaz de integrar distintas variables relacionadas con la transferencia. Entre ellas se consideraron el tipo de superficie, la permanencia de determinados microorganismos y los cambios que pueden producirse con el paso del tiempo. [6]
Los investigadores observaron que algunos microorganismos asociados con una persona podían permanecer sobre objetos personales durante más de 72 horas. A partir de estos patrones, el modelo exploró la posibilidad de estimar el posible origen de las trazas microbianas y obtener información sobre el tiempo transcurrido desde su depósito. [6]
El trabajo constituye una prueba de concepto. Los propios autores señalan que este tipo de aproximaciones todavía no se encuentra validado para su utilización en casos forenses y que serán necesarios estudios con poblaciones más amplias, muestras independientes y procedimientos estandarizados antes de considerar una aplicación pericial.
Aun así, estos resultados muestran hacia dónde podría avanzar el estudio del microbioma en criminalística.
La pregunta deja de limitarse a si existió transferencia. En el futuro también podría estudiarse cómo ocurrió, sobre qué superficie, cuánto tiempo pudo persistir y qué tan compatible es el patrón observado con determinadas interacciones entre una persona y su entorno.
Un principio de hace más de un siglo frente a una nueva clase de rastro
Cuando Locard planteó el principio de transferencia, los rastros de interés podían consistir en polvo, fibras, cabellos o partículas adheridas a la ropa de una persona. Hoy, mediante técnicas de secuenciación y análisis computacional, también podemos estudiar microorganismos y material genético microbiano depositados durante una interacción.
El principio sigue siendo el mismo. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para observar y estudiar el intercambio.
El microbioma abre así una nueva forma de explorar las relaciones entre una persona y su entorno. Sin embargo, también obliga a formular preguntas más complejas: ¿qué microorganismos se transfieren realmente?, ¿cuánto tiempo permanecen?, ¿pueden llegar mediante contactos indirectos?, ¿qué parte corresponde al ambiente y qué parte a la persona?, ¿es posible diferenciar individuos a partir de esas comunidades?
Por ahora, estas aplicaciones continúan formando parte de un campo de investigación emergente. La evidencia disponible todavía es insuficiente para considerar el análisis del microbioma como una herramienta validada de uso rutinario en la casuística forense. Persisten limitaciones relacionadas con la baja cantidad de material microbiano en algunas muestras, la contaminación ambiental, la variabilidad entre individuos, la transferencia secundaria, la persistencia de los microorganismos y la ausencia de protocolos estandarizados.
Aun así, los resultados obtenidos durante los últimos años muestran un punto de partida particularmente interesante. El microbioma podría convertirse en una fuente complementaria de información para estudiar el principio de intercambio y, conforme se desarrollen métodos robustos de interpretación, apoyar la reconstrucción de las interacciones que ocurrieron durante un hecho.
Determinar si un patrón microbiano observado es frecuente, poco común o compatible con una determinada interacción requerirá además comprender su variabilidad y analizarla de manera cuantitativa. Es precisamente ahí donde la estadística adquiere un papel fundamental dentro de las ciencias forenses, un tema que abordaremos en nuestra próxima entrada.
Más de cien años después de Locard, el principio de intercambio continúa vigente. La diferencia es que hoy comenzamos a reconocer rastros que antes ni siquiera sabíamos que estaban ahí.
Referencias
Zhang, J., Liu, W., Simayijiang, H., Hu, P., & Yan, J. (2023). Application of microbiome in forensics. Genomics, Proteomics & Bioinformatics, 21(1), 97–107. https://doi.org/10.1016/j.gpb.2022.07.007
Ricchezze, G., Buratti, E., De Micco, F., Cingolani, M., & Scendoni, R. (2024). Medico-legal applications of the human microbiome and critical issues due to environmental transfer: A review. Microorganisms, 12(12), 2424. https://doi.org/10.3390/microorganisms12122424
Procopio, N., Lovisolo, F., Sguazzi, G., Ghignone, S., Voyron, S., Migliario, M., Renò, F., Sellitto, F., D’Angiolella, G., Tozzo, P., Caenazzo, L., & Gino, S. (2021). “Touch microbiome” as a potential tool for forensic investigation: A pilot study. Journal of Forensic and Legal Medicine, 82, 102223. https://doi.org/10.1016/j.jflm.2021.102223
Karadayı, Ş., Yılmaz, İ., Özbek, T., & Karadayı, B. (2024). Transfer and persistence of microbiota markers from the human hand to the knife: A preliminary study. Journal of Forensic and Legal Medicine, 107, 102757. https://doi.org/10.1016/j.jflm.2024.102757
Wang, S., Song, F., Yang, Y., Liu, B., Zhou, C., Wang, C., Wang, Y., & Luo, H. (2026). Exploring the forensic skin and ‘touched’ bacterial community through full-length and variable region sequencing of the 16S rRNA gene. Forensic Science International: Genetics, 81, 103374. https://doi.org/10.1016/j.fsigen.2025.103374
Li, H., Yu, Z., Wu, Z., Lin, Y., Liu, T., Liu, Y., Li, Z., Zhang, S., Su, Z., & Wang, H. (2026). Quantifying human-environment interactions through Bayesian modeling of species-resolved microbial transfer signatures: An exploratory proof-of-concept study. Frontiers in Microbiology, 17, 1781392. https://doi.org/10.3389/fmicb.2026.1781392



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